Una de las sensaciones más desagradables que he experimentado como ser humano es la de perder objetos. Es una sensación indescriptible.
Es como si me quitaran un pedacito de libertad...de la libertad de poder usar algo que, hasta el momento antes de caer en la cuenta que lo había perdido, sabía
que
podía usar.
Puede ser algo que no he usado
en días, meses o años, pero no poder usarlo, a mí por lo menos...me mata. Soy capaz de remover cielo y tierra hasta que lo encuentre.
Y en este punto pueden ocurrir dos cosas: si no lo encuentras, la sensación descrita anteriormente (que líneas antes dije indescriptible) puede prolongarse un tiempo relativamente largo, haciendo que me plantee la posibilidad de re-comprar ese objeto perdido; o bien, encontrar lo que he perdido teniendo un glorioso instante de felicidad, que normalmente se desvanece en el instante siguiente, dando paso al conocido
bajón (provocado probablemente por el anterior
subidón) y al casi-instantáneo
olvido de la perdida.
Conclusión a la que he llegado: más que tener, lo que queremos es la
sensación de poder (y ni siquiera el poder mismo...).